La magia de la música

26/01/2019

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Es una cuestión interesante que lleva mucho tiempo manteniéndonos expectantes. Resulta fascinante el hecho de que algo como la música pueda producirnos tal cóctel de emociones tan diferentes. Pero, ¿cuál puede ser el motivo?

La neurociencia ha investigado mucho sobre los efectos que tiene la música en nuestro cerebro, aunque haya muchos factores que todavía son un misterio.

Una de las teorías más aceptadas acerca de esto indica que nuestro cerebro es más favorable a inclinarse por los acordes consonantes, que son aquellos que nos causan placer por la pureza interna de su composición aritmética. Los sonidos que lo componen son simples, organizados y predecibles.

En los acordes consonantes todas las frecuencias son armónicas. Ello quiere decir que son múltiplos de la frecuencia más baja.

La voz humana produce sonidos con este tipo de espectro, lo cual nos lleva a la conclusión de que el motivo de que nos agrade la consonancia es el hecho de que se parezca a la voz humana. Esto tiene muchas ventajas evolutivas ya que nos permite socializar y comunicarnos.

Nos gustan las notas musicales porque se parecen a la voz humana, lo cual, si lo pensamos bien, resulta bastante útil a la hora de no confundir, por ejemplo, la voz de nuestra madre con el rugido de un león.

Musicoterapiactiva_la magia de la música

 

Sabemos también que a nuestro cerebro le gusta optimizar, predecir y anticipar. Poder realizar estas funciones a tiempo fue crucial para la supervivencia desde los albores de la humanidad.

Creemos que la música no es un elemento imprescindible para la supervivencia, a priori, pero, es posible que ésta tuviese un papel más importante del que nos pensamos en cuanto a que ha podido favorecernos evolutivamente. Por ejemplo, en cuanto a dotarnos de ciertas destrezas o habilidades motrices, o hacernos más o menos idóneos para favorecer la pervivencia de la especie o el equilibrio de la comunidad.

También sabemos que existe una estrecha relación entre los aspectos motores y emocionales con el hipotálamo, la amígdala, la corteza motora y el cerebelo. Todo ello relacionado con acciones necesarias para que nuestros ancestros pudieran sobrevivir, tales como, buscar alimentos, aparearse o ponerse a salvo.

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Los núcleos del movimiento y la motivación se encuentran vinculados. Aspectos que también entran en juego cuando tocamos un instrumento, o escuchamos música, por lo tanto puede que ésta haya sido más importante para la supervivencia de lo que nos pensamos.

En ella, elaborada con sonidos puros, que son aquellos compuestos por vibraciones regulares y periódicas, y que por lo tanto crean grupos de notas en consonancia, se genera un juego constante de patrones que al cerebro le encanta.

Daniel J. Levitin, en su libro “El cerebro musical” se pregunta por qué nos conmueve tanto la música.

“Pete Seeger dice que es por la manera en que se combinan el medio y el significado en la canción, por la combinación de la forma y la estructura con un mensaje emocional.”.

“La buena música salta barreras lingüísticas, religiosas y políticas”.

En “Tu cerebro y la música”, el autor añade que:

“La actividad musical implica casi todas las regiones del cerebro sobre las que tenemos conocimientos, y casi todo el subsistema neurológico”.

“A un nivel más profundo, las emociones que experimentamos como reacción a la música afectan a estructuras profundas de las regiones reptiles primitivas del vernis cerebral y de la amígdala: el corazón del procesamiento emotivo en el córtex”.

Somos seres sociales, ello implica que nuestro cerebro está diseñado para crear interacciones de este tipo.

¿Es posible que con la música el placer de desarrollar comunicación con otras personas y con el medio se haga más intenso? ¿Sucede algo similar cuando escuchamos música en directo o música grabada?

Continuaré hablando de ello en el siguiente post.

¡A esperarse! 😉